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¿El alma sigue aprendiendo después de la muerte?

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En México se acerca una de las festividades más importantes del año. “EL día de muertos”. El país se llena de tradición, color, música y comida. Y como en pocas ocasiones es visible el mosaico cultural que representa nuestra cultura. También estos días sirven para la reflexión sobre la vida y la muerte y su conexión eterna. Estas celebraciones y reflexiones no pasan por alto en los niños y jóvenes quienes a menudo hacen preguntas de gran profundidad. ¿los muertos aprenden? A continuación daremos respuesta a esta pregunta con la luz que la ciencia nos ofrece y que trasciende a la tradición y la fe.

Para un niño pequeño que observa la tradición de las ofrendas a los muertos muchas preguntas pueden venir a su mente ¿lo muertos comen? Y si es así también ¿pueden seguir aprendiendo?

Estas preguntas parten de una premisa que es necesario resolver antes de continuar. ¿hay vida después de la muerte? Para responder a esta pregunta debemos recurrir a la filosofía para que a través de la argumentación lógica podamos hallar una respuesta que bajo otras ciencias experimentales es imposible resolver. La física y la química se ven rebasadas para dar solución a este enigma porque estamos hablando de la existencia del alma que no es material y por lo tanto no puede sujetarse a los procesos de indagación que ambas ciencias particulares usan.

El ser humano es producto de una unión substancial entre cuerpo y alma. Una parte material (el cuerpo) y otra inmaterial (el alma).

Lo que conocemos como “Muerte” es la descomposición orgánica del cuerpo que al sufrir la separación del alma se convierte en cadáver hasta su desintegración.

Sin embargo, nuestra dimensión inmaterial (el alma) al no ser compuesta, no puede descomponerse, degradarse o mejor dicho “morir”. El alma entonces permanece y trasciende a la muerte y aunque no esta unida a un cuerpo que le impide degustar el mezcal y el mole que sus familiares le ofrendan, si conserva sus facultades que son la inteligencia y la voluntad.

Sabemos de la existencia del alma o reconocemos que en nosotros existe una dimensión no material debido a los frutos que producen. Nadie duda de la existencia de las ideas, sin embargo, nadie las ha visto y pocos ingenuos que atribuyen al cerebro la operación creerían encontrar nuestras ideas al abrir el cráneo y explorar el cerebro.

Nadie ha visto el amor y solo un ingenuo pensaría en que abriendo el corazón lo hallaríamos.

Sin duda que debido a que somos alma y cuerpo unidos substancialmente ambos son afectados entre sí. El alma requiere de un órgano como el cerebro como vehículo de sus operaciones. El amor que una joven siente por su novio amado se refleja en conexiones sinápticas y también en sudoración, nerviosismo y un aparente aleteo de mariposas en el estómago, sin embargo, eso no es el amor, solo son sus efectos en un cuerpo físico.

Ahora bien. Si la facultad de la inteligencia permanece en el alma y el alma es inmortal, en consiguiente cabe la pregunta ¿el alma sigue aprendiendo después de la muerte? O como lo expresamos en la pregunta inicial ¿los muertos aprenden? La respuesta es sí. Aprenden de modo distinto a las personas vivas porque ya no poseen los sentidos como la vista o el tacto que suministran de información y sensaciones para aprender, pero el alma sigue aprendiendo a través de un proceso de intuición.

En la medida de que nuestro conocimiento avanza se va perdiendo la dependencia de nuestros sentidos. Hemos dejado de usar los dedos de la mano para contar o restar y con el solo uso de nuestra mente y si acaso un trozo de papel y un lápiz podemos resolver una compleja ecuación. Así el alma sigue aprendiendo sobre aspectos complejos que quizás en vida no alcanzamos a resolver.

¿Qué preguntas te gustaría resolver si solo fueras alma?

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