¿Qué quedará de todo esto en nuestros hijos?

¿Qué quedará de todo esto en nuestros hijos?

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“Educar es seducir con lo valioso” Así define el Dr Enrique Rojas la importante tarea de formar a un niño o un joven y esta afirmación toma más relevancia en esta época en que, gracias a que se han roto nuestros esquemas conocidos, estamos repensando la forma de hacer las cosas, especialmente las más trascendentes como lo es la educación.

A partir de esta crisis estamos revisando qué tanto teníamos de superfluo en nuestras vidas y dónde está lo que verdaderamente importa, muchas veces poco valorado porque aunque siempre ha estado frente a nuestros ojos, a fuerza de la prisa y la costumbre dejamos de verlo.

Dejemos atrás la cómoda excusa de “echar la bola a los otros” discutir si son los padres o los maestros quienes deben educar es sólo una manera de escudarse para no comprometerse a fondo. Educar nos toca a todos, porque un niño no se divide, no se parte al ser alumno o al ser hijo, ¡es niño y ya! y está todo el tiempo aprendiendo, incluso de quien menos imagina que le está enseñando.

Cuando el niño vuelva a la tienda nuevamente a comprar, también aprenderá, como siempre lo ha hecho, de la forma como el tendero le atienda, y la manera como el vecino salude y la forma como los adultos se traten entre sí.

Que bueno que hemos tenido que ser forzados a detenernos, a revisar y a cambiar, y así de una forma tajante, porque quizá de manera paulatina y poco a poco no lo hubiéramos logrado. Hoy que nos damos cuenta de que hay más valor en el ser y en el estar, propongámonos enseñar eso a los niños.

Ayudémosle a descubrir el valor que hay en el esfuerzo de sus maestros por estar cerca y no en la calidad de la videollamada. Propongámosle aprovechar y agradecer lo que tiene más que a lamentarse por lo que le falta. Hagamos junto con ellos un esfuerzo por ser cada día un poco mejores, siempre lo necesitamos y siempre que nos lo propongamos lo podemos lograr: bien sea su maestra que hoy intentó hacer una nueva actividad a la distancia o sus padres que han puesto su empeño en recordar lo que ya habían olvidado de sus años de escuela.

Estos tiempos especiales pueden convertirse en grandes momentos pero no hay dinero que pueda lograrlo, ni la motivación vendrá de fuera; somos nosotros en nuestro deseo de no dejar pasar la oportunidad de fortalecer a nuestros niños, de hacer de esta vivencia algo memorable y feliz, es posible a pesar de los días adversos porque esos existen siempre, pero también se acaban y dan paso a nuevas ideas, a nuevas experiencias y a nuevos aprendizajes.

Pensemos quienes queremos ser después de este tiempo, pues nuestros niños seguramente pondrán sus ojos en nosotros para encontrar una referencia segura , buscarán nuestro ejemplo y considerarán valioso aquello que nosotros les mostremos que ha sido lo más importante de esta experiencia sin igual.

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