En este momento estás viendo No seas tan maestro que se te olvide ser alumno

No seas tan maestro que se te olvide ser alumno

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Docentes
  • Comentarios de la entrada:1 comentario

La acción que lleva a cabo el docente puede reducirse a un pequeño verbo que encierra tanto: “DAR”. El docente da sus conocimientos, sus habilidades, su actitud, su disposición, su paciencia… básicamente su trabajo consiste en un continuo dar y darse a los alumnos.

En esa incesante tarea de entregarse a otros cabría preguntarse hasta cuándo podrá hacerlo si no renueva aquello que da, pues es de esperarse que si no vuelve a “llenar” la fuente de la que toma lo que entrega terminará tarde o temprano por agotarse.

Bajo esta perspectiva es que aquella persona que decide seguir la profesión docente no puede perder de vista que así como será maestro no dejará jamás de ser alumno. Que así como necesita dar es preciso que también reciba.

Cualquier profesión que se quiera mantener vigente debe estar en un proceso de reajuste continuo, pero el ser maestro lo demanda aún más, pues la actualización requerida no sólo está en el orden de lo meramente profesional, va de por medio también su persona, pues está expuesto como pocos profesionistas,  a los retos que directamente le plantean las nuevas generaciones.

A manera de panorama general el siguiente esquema muestra las cuatro grandes áreas de actualización que el docente requiere, pretende ser una especie de provocación para el docente que lo lea y que quiera reflexionar acerca de cómo puede seguir fortaleciéndose para ser un docente actual y actualizado.

El inicio es la consideración de dos grandes variables:

  1. La dimensión que requiere ser actualizada: En este sentido consideramos que el docente debe ser cada vez un mejor PROFESIONISTA pero también debe superarse como PERSONA. Y a su vez ver a sus alumnos como aprendices dentro del aula, pero también como seres humanos integrales.
  2. El área de conocimiento en la que debe profundizar: Aquí se toma en cuenta desde lo particular hasta lo general, desde lo CONCRETO hasta lo ABSTRACTO, considerando que el docente debe adentrarse en lo que sucede en su entorno inmediato pero también estar al tanto de la realidad social en la que se inserta.

Al hacer la combinación de dichas variables, son cuatro las grandes perspectivas de actualización que un docente puede explorar, que a continuación se mencionan sin agotar todas las posibilidades que cada una de estas implica.

  1. Realidad actual de la educación: el docente de saber cuáles son las tendencias en educación que se van modificando y enriqueciendo con ayuda de los avances tecnológicos y científicos. La sociedad cambia, también sus necesidades y ello afecta tarde o temprano lo que vive en el aula. Es preciso que el docente sepa cuáles son las nuevas propuestas, tanto en conceptos, en teorías, en metodologías como en materiales y prácticas educativas.
  •  Situación actual de la niñez y la juventud: Las nuevas generaciones se ven afectadas por la realidad en la que les ha tocado vivir, si bien las etapas evolutivas guardan una semejanza común a lo largo de la historia, cada generación se ve influida por el propio tiempo y espacio en el que les ha tocado vivir. Un docente no puede confiarse en que conoce cómo son los alumnos por haber dado clases ya por varios años, necesita adentrarse en lo que los niños y jóvenes de hoy viven y piensan, debe conocer sus intereses, sus inquietudes sus formas de divertirse y de interactuar y cómo todo ello afecta su forma de aprender.
  • Profundizar en su área de conocimientos:  Aun si no estuviéramos en una época en la que el conocimiento se produce a pasos agigantados, el docente debe mantenerse en un proceso de aprendizaje continuo, pues ningún ser humano es capaz agotar todo el caudal de ideas en torno a un tema específico. Más aún en esta etapa de la humanidad donde el saber está tan al alcance de la mano. El docente puede profundizar en un tema que deba impartir a sus alumnos pero también puede ampliar su panorama cultural explorando espacios para él desconocidos y de los que puede aprender y enriquecer su práctica educativa.
  • Su propio crecimiento integral:  El docente que espera que sus alumnos progresen en las diferentes áreas de su desarrollo debe ser el primer ejemplo de aquello que está esperando. Siempre hay algo en lo que puede mejorar y perfeccionarse, habilidades que afinar, nuevos conocimientos que adquirir, la lista de nuevos retos que puede plantearse es casi interminable.

La capacidad de renovarse permitirá al docente reconectar con su vocación originaria, que a la luz de las nuevas experiencias hará madurar y adecuarse a cada una de las etapas por las que atraviese su profesión. Un docente que se propone ser mejor cada día será siempre un gran docente.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Jenny Pereira Silva

    Una realidad que debemos aceptar. No podemos ni debemos seguir siendo maestros si no manejamos estas 4 dimensiones y el conocimiento de estas dos áreas la realidad concreta y entorno social.
    En lo profesional y personal, por un crecimiento y enriquecimiento propio no lo debemos descuidar. Sin embargo, la dimensión profesional y personal en una entorno social tan cambiante y crítica; y, negativa, ante la ignorancia de un alto porcentaje de padres de familia que desconocen este entorno o poco les importa y que se les está saliendo de sus manos la crianza de los hijos… para los maestros que sentimos caer sobre nuestros hombros la responsabilidad de ayudar a orientar a nuestros estudiantes, bajo el amor y la perseverancia, nos debe impulsar a trabajar o prepararnos para enfrentar este entorno social desde lo profesional y personal.

Responder a Jenny Pereira Silva Cancelar la respuesta